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¿Conoces el síndrome del edificio enfermo?

Es probable que hayas relacionado el nombre síndrome del edificio enfermo con una falla en las bases de una estructura que le hacen parecer enferma. La verdad, es que no está muy lejos de la realidad. Este trastorno tiene que ver con un desperfecto que afecta negativamente a los habitantes del edificio.

El síndrome del edificio enfermo fue “descubierto” a fines del siglo pasado, en los años ochenta. Un grupo de médicos ingleses examinó a varios trabajadores de un edificio porque presentaban un conjunto de síntomas al mismo tiempo.

Al principio, se creía que la dificultad respiratoria, la alergia y congestión se debía al estrés y ambiente seco en las oficinas. Una vez que los trabajadores libraban un par de días a modo de reposo, los síntomas desaparecían casi por arte de magia. No obstante, ya de vuelta en el trabajo, los empleados caían enfermos otra vez con el mismo malestar.

El caso se repitió en otras compañías de Liverpool recién mudadas a edificios nuevos o con cambios estructurales recientes. Lo más extraño de todo es que la enfermedad afectaba a todos los empleados del mismo piso y, en algunos casos, a los habitantes del edificio entero.

Los médicos encargados de los “edificios enfermos” determinaron que los síntomas se debían a una falla considerable en el diseño de interiores que perjudicaba seriamente a las personas que habitaban dichas estructuras. Desde entonces, se considera un síndrome que temen los arquitectos a la hora de planificar sus construcciones.

¿Quieres conocer bien de qué va? sigue leyendo nuestra entrada de hoy:

Edificios bonitos pero inhabitables

De acuerdo con los informes de la Organización Mundial de la Salud (OMS) en los años inmediatos al exámen en Inglaterra, el síndrome de edificio enfermo ha descolocado aproximadamente entre un 15 y 20% de la población que habita el 30% de las estructuras construidas en la segunda mitad del siglo.

Si bien los avances tecnológicos han revolucionado casi cualquier rubro de nuestras vidas, incluida la arquitectura, la elección de materiales corrosivos (aunque vistosos) y los diseños estéticos (pero imprácticos) han desmejorado considerablemente el valor de los edificios.

A veces, lo nuevo no siempre es la mejor alternativa frente a lo que, pese a ser viejo, sigue siendo funcional. Por eso, cada vez se hace más hincapié dentro del gremio de los arquitectos a que prefieran materiales que no afecten la habitabilidad y que consideren lo funcional por encima de lo bonito.

Las causas del síndrome del edificio enfermo pueden variar según el tipo de edificio, su diseño y estructura interna. Ahora bien, hay cuatro variables a tener en cuenta cuando se está evaluando un posible caso de este trastorno:

  • Físicos: Tipo de materiales (si son dañinos o no para el ser humano), problemas con el sistema de agua o de gas, dificultades en la ventilación, iluminación desajustada, vibraciones, poca circulación por ausencia de espacio, ondas electromagnéticas, entre otros factores.
  • Químicos: En un edificio es imprescindible que los químicos propios del hábitat sean expulsados. El cúmulo de dióxido de carbono que transpiramos al expirar, los gases de la cocina, entre otros, influyen nuestra salud.
  • Biológicos: Los virus y bacterias atrapados en el aire de ambientes secos o cerrados causan múltiples enfermedades como gripe o alergia.
  • Emocionales: Es producto del estrés o la ansiedad. Si el diseño del edificio no es práctico ni agradable, o si lo relacionamos directamente con una carga emocional pesada, desmejorará nuestra salud.

Síntomas del síndrome del edificio enfermo

A pesar de que un edificio se vea estéticamente agradable, cómodo y su distribución espacial sea acertada, puede padecer este síndrome sin que sus habitantes se den cuenta.

La mayoría de las estructuras con síndrome del edificio enfermo pasan todas las pruebas de salubridad durante una inspección, lo cual, en teoría, despeja las posibilidades de daños materiales y humanos. Pero lo que los especialistas no ven es que los problemas aparecen casi siempre a largo plazo, cuando la habitabilidad del edificio comienza a comprometerse.

Ya nombramos las posibles causas del síndrome del edificio enfermo que podrían estar influenciando el malestar; ahora te presentamos los síntomas relacionados con este trastorno que desmejora la productividad de las personas. Aunque muy pocos casos son graves, es un hecho que causa molestias en la vida diaria.

A continuación, te enlistamos los síntomas más comunes:

  • Dificultades respiratorias, alergias, congestión nasal
  • Molestias en la garganta, cabeza y ganglios, similar a la gripe
  • Irritación y escozor en la piel
  • Cansancio, picazón y enrojecimiento ocular
  • Fatiga, náuseas, mareos

Recuerda que el síndrome del edificio enfermo se manifiesta de forma distinta según la estructura, por ende, cada caso es distinto. No obstante, para realizar un diagnóstico certero, todos los habitantes afectados deben presentar la misma sintomatología, la cual solo es evidente mientras estén en el edificio. Usualmente, los malestares desaparecen cuando abandonan el espacio.

Cómo mejorar tu estructura con síndrome del edificio enfermo

Aun cuando este trastorno entorpece la convivencia y desvaloriza el espacio, tiene solución. No es necesario derrumbar el sitio, ni hacer nada radical. A veces, los problemas más complejos requieren soluciones sencillas. ¡Mira lo que puedes hacer para mejorar tu edificio enfermo!

Si el edificio tiene una ventilación muy pobre, realizar limpiezas periódicas de los ductos o abrir las ventanas para que transpire puede ayudar a que no se acumulen las sustancias perjudiciales.

Cuando la iluminación no es acorde a las actividades que se realizan dentro, reemplazar las lámparas o aprovechar la luz solar es una alternativa mucho más económica que reestructurarlo de cero.

Eliminar el ruido o cambiar de sitio la maquinaria que produce vibraciones (solo si no es un problema de placas) también son soluciones posibles. Así mismo, cuando el espacio está limpio y ordenado contribuye a que el ambiente sea más agradable para los habitantes.

Ahora bien, si el tipo de trabajo es mucho más delicado, es decir, si requiere una reforma integral, lo mejor es buscar a un profesional en el área, con la experiencia y herramientas necesarias para salvar tu estructura.

No arriesgues tu calidad de vida y la de los tuyos. Vive en un ambiente placentero y disfruta cada día plenamente.

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